La pieza

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LOKAI AURA pertenece a la línea LOKAI, SANTUARIO, de Casa Obsidian Wristband, la que reúne las piezas para quien entendió que el refugio no es un lugar al que se llega, sino algo que se lleva puesto.

Elegimos amatista para esta pieza por una razón que casi nadie cuenta. La amatista no crece a la intemperie. Se forma dentro de burbujas de gas que quedaron atrapadas cuando la lava se enfrió, cavidades selladas dentro de la roca volcánica, y ahí adentro los cristales crecen hacia el centro hueco durante millones de años. Nadie los ve. Nadie los toca. Cuando por fin se abre esa cámara, lo que aparece es una bóveda tapizada de violeta que estuvo trabajando en silencio todo ese tiempo. La palabra para eso es santuario, y esta piedra es lo más cerca que la naturaleza está de fabricar uno.

Entre cada esfera de amatista corre una rondana de hematita con acabado plateado, y ahí está el contrapeso de la pieza. La hematita es óxido de hierro y su nombre viene del griego haima, sangre, porque a pesar de verse como metal pulido, al reducirla a polvo tiña de rojo. Con ese polvo se pintaron las primeras manos sobre las paredes de las cuevas, y ese mismo óxido es el que le da color al planeta Marte. Una piedra que se ve plateada y por dentro es roja: no hay mejor compañía para una piedra que crece encerrada.

Al frente, en lugar de un dije central, van tres esferas doradas con zirconias negras engarzadas una por una, agrupadas y separadas por rondanas. Ese es un recurso propio de la Casa: tres puntos en vez de uno. El ojo tarda más en recorrerlos, y la pieza se lee más larga y más rica sin necesidad de crecer de tamaño.

El precio de esta pieza no está en el material, está en el conteo. Lleva cerca de veinticinco rondanas, una entre cada cuenta, colocadas a mano de principio a fin. Cada rondana obliga a detenerse, a alinear y a tensar. Es de las piezas más lentas de armar de todo el catálogo y por eso no se puede reponer a voluntad. Lo que ese trabajo compra es que el violeta no se lea como una masa continua sino como cuentas individuales, cada una con su propio marco espejo que devuelve luz con cada movimiento de muñeca. Es la diferencia entre una pulsera de piedra y una pieza construida.

Violeta, plata y oro en el mismo cuerpo, sobre hilo lavanda. Mezclar dos metales es decisión, no descuido: la plata sostiene el ritmo a lo largo de todo el tejido y el oro concentra el peso visual en un solo punto.

Pieza unisex, ajustable con cierre corredizo de macramé, hecha a mano en México, pensada como recordatorio diario de una cualidad que quien la porta ya encarna: la calma, la de quien no necesita que el mundo se ordene para estar en paz.

Numerada, No. X de Y en el mundo, dentro de la Temporada III ZORAYA. Acuñación Luminus.

Lo que se acuña una vez, es leyenda. No habrá más. Esa es la promesa.

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LOKAI AURA

$399.00

Amatista de 6 mm con una rondana de hematita plateada entre cada cuenta, y tres esferas doradas con zirconias engarzadas agrupadas al frente en lugar de un dije único. Violeta, plata y oro en el mismo tejido, sobre hilo lavanda. Pertenece a la línea LOKAI, SANTUARIO, y nace bajo la Acuñación Luminus. Edición limitada, numerada y con certificado de autenticidad digital.

2 disponibles

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Descripción

LOKAI AURA pertenece a la línea LOKAI, SANTUARIO, de Casa Obsidian Wristband, la que reúne las piezas para quien entendió que el refugio no es un lugar al que se llega, sino algo que se lleva puesto.

Elegimos amatista para esta pieza por una razón que casi nadie cuenta. La amatista no crece a la intemperie. Se forma dentro de burbujas de gas que quedaron atrapadas cuando la lava se enfrió, cavidades selladas dentro de la roca volcánica, y ahí adentro los cristales crecen hacia el centro hueco durante millones de años. Nadie los ve. Nadie los toca. Cuando por fin se abre esa cámara, lo que aparece es una bóveda tapizada de violeta que estuvo trabajando en silencio todo ese tiempo. La palabra para eso es santuario, y esta piedra es lo más cerca que la naturaleza está de fabricar uno.

Entre cada esfera de amatista corre una rondana de hematita con acabado plateado, y ahí está el contrapeso de la pieza. La hematita es óxido de hierro y su nombre viene del griego haima, sangre, porque a pesar de verse como metal pulido, al reducirla a polvo tiña de rojo. Con ese polvo se pintaron las primeras manos sobre las paredes de las cuevas, y ese mismo óxido es el que le da color al planeta Marte. Una piedra que se ve plateada y por dentro es roja: no hay mejor compañía para una piedra que crece encerrada.

Al frente, en lugar de un dije central, van tres esferas doradas con zirconias negras engarzadas una por una, agrupadas y separadas por rondanas. Ese es un recurso propio de la Casa: tres puntos en vez de uno. El ojo tarda más en recorrerlos, y la pieza se lee más larga y más rica sin necesidad de crecer de tamaño.

El precio de esta pieza no está en el material, está en el conteo. Lleva cerca de veinticinco rondanas, una entre cada cuenta, colocadas a mano de principio a fin. Cada rondana obliga a detenerse, a alinear y a tensar. Es de las piezas más lentas de armar de todo el catálogo y por eso no se puede reponer a voluntad. Lo que ese trabajo compra es que el violeta no se lea como una masa continua sino como cuentas individuales, cada una con su propio marco espejo que devuelve luz con cada movimiento de muñeca. Es la diferencia entre una pulsera de piedra y una pieza construida.

Violeta, plata y oro en el mismo cuerpo, sobre hilo lavanda. Mezclar dos metales es decisión, no descuido: la plata sostiene el ritmo a lo largo de todo el tejido y el oro concentra el peso visual en un solo punto.

Pieza unisex, ajustable con cierre corredizo de macramé, hecha a mano en México, pensada como recordatorio diario de una cualidad que quien la porta ya encarna: la calma, la de quien no necesita que el mundo se ordene para estar en paz.

Numerada, No. X de Y en el mundo, dentro de la Temporada III ZORAYA. Acuñación Luminus.

Lo que se acuña una vez, es leyenda. No habrá más. Esa es la promesa.

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