Descripción
Los mayas no tenían una palabra para tierra que significara solamente suelo. Kab’an es el decimoséptimo de los veinte signos del Tzolk’in, la cuenta de doscientos sesenta días, y es el signo de la tierra. Su raíz, kab, nombra al mismo tiempo el suelo, el territorio y el mundo entero. No era el lugar donde uno se para. Era todo lo que hay.
Por eso esta pieza pertenece a BALAM, el guardián de la tierra dentro del Imperio ZORAYA, la línea de lo que permanece. KABAN nombra a la pieza por ese signo, y la Casa la acuñó como su declaración más rotunda en negro.
El cuerpo es obsidiana esférica pulida, vidrio volcánico en su forma más limpia, alternada con rondanas de acrílico de superficie microfacetada que rompen el negro con destellos menudos y lo mantienen vivo bajo cualquier luz. Al centro, la Barra Mayor de la Casa, la pieza de mayor presencia del catálogo hasta hoy, curvada para seguir la línea de la muñeca, en acabado oscuro envejecido, con filigrana abierta trabajada de extremo a extremo y circonias blancas engastadas entre los trazos. Es la única luz clara en toda la pieza, y está puesta ahí a propósito. Montada sobre hilo negro de la Casa con cierre ajustable, se arma a mano, una por una, en Obsidian Gallery.
Lleva Acuñación Luminus, monograma OW y Sello de la Conciencia, la era del Observador.
Cada pieza es numerada, No. X de Y en el mundo, y llega con su certificado de autenticidad digital respaldado por la Casa. Pensada como recordatorio diario de una cualidad que quien la porta ya encarna: el arraigo.
Lo que se acuña una vez, es leyenda. No habrá más. Esa es la promesa.












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