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LOKAI AMARENA pertenece a la línea LOKAI, SANTUARIO, de Casa Obsidian Wristband, la que reúne las piezas para quien entendió que el refugio no es un lugar al que se llega, sino algo que se lleva puesto.

Elegimos turquesa porque en este territorio esa piedra tiene una historia que casi nadie cuenta y que es nuestra. Los mexicas la llamaban xihuitl, y esa misma palabra en náhuatl servía para decir año y para decir cosa preciosa. No era una piedra más del inventario: era la medida de lo valioso. Cubrían con mosaico de turquesa los objetos de ceremonia y la depositaban como ofrenda en los recintos sagrados, y la piedra no salía de aquí cerca. Llegaba a Tenochtitlan por rutas de intercambio que bajaban desde lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos, miles de kilómetros de camino a pie para que una piedra azul terminara recubriendo un santuario. Que la línea de esta pieza se llame SANTUARIO no es coincidencia, es el lugar exacto donde esta piedra siempre terminó.

El azul de la turquesa viene del cobre que trae en su composición. Cuando parte de ese cobre cede su lugar al hierro, el tono se corre hacia el verde, y por eso ninguna turquesa es exactamente del color de otra. Es piedra porosa además, de las que van reaccionando con el uso, así que conviene quitártela antes de cremas, perfumes y agua clorada si quieres que el azul se quede tal cual lo recibiste.

Entre cada turquesa corre howlita blanca. La howlita se describió por primera vez en Nueva Escocia en 1868 y lleva el apellido de Henry How, el químico que la estudió después de que unos mineros de yeso se la señalaran quejándose de que era más dura que lo que estaban extrayendo. Sus vetas cafés no se repiten: cada cuenta trae su propio trazado, como si alguien hubiera dibujado un mapa distinto en cada una. Contra el azul liso de la turquesa, esas vetas son lo que le da textura a la pieza y lo que impide que se vea plana.

La intercalación se hace a mano y a propósito no es simétrica. Los separadores chapados en oro con zirconias no caen cada tantas cuentas, caen donde el ojo los necesita, y ese ritmo irregular es más difícil de lograr que uno regular porque no hay fórmula que seguir: se decide pieza por pieza mientras se arma. Un patrón exacto se ve fabricado. Este se ve compuesto. Es la diferencia entre una pulsera armada y una pulsera pensada.

El hilo negro sostiene todo. Con una paleta tan clara, el negro es lo que le da peso a la pieza y evita que se lea como accesorio de verano y nada más.

Pieza unisex, ajustable con cierre corredizo de macramé, hecha a mano en México, pensada como recordatorio diario de una cualidad que quien la porta ya encarna: el descanso, entendido no como pausa sino como el derecho a bajar la guardia en algún lugar.

Numerada, No. X de Y en el mundo, dentro de la Temporada III ZORAYA. Acuñación Luminus: porta el monograma OW, el Sello de la Conciencia, la firma de la era del Observador.

Lo que se acuña una vez, es leyenda. No habrá más. Esa es la promesa.

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LOKAI AMARENA

$399.00

Turquesa de 6 mm intercalada a mano con howlita blanca, en un ritmo que no se repite dos veces igual, con separadores chapados en oro con zirconias distribuidos de forma irregular a lo largo del tejido. Azul, blanco y oro sobre hilo negro. Pertenece a la línea LOKAI, SANTUARIO, y nace bajo la Acuñación Luminus. Edición limitada, numerada y con certificado de autenticidad digital.

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Descripción

LOKAI AMARENA pertenece a la línea LOKAI, SANTUARIO, de Casa Obsidian Wristband, la que reúne las piezas para quien entendió que el refugio no es un lugar al que se llega, sino algo que se lleva puesto.

Elegimos turquesa porque en este territorio esa piedra tiene una historia que casi nadie cuenta y que es nuestra. Los mexicas la llamaban xihuitl, y esa misma palabra en náhuatl servía para decir año y para decir cosa preciosa. No era una piedra más del inventario: era la medida de lo valioso. Cubrían con mosaico de turquesa los objetos de ceremonia y la depositaban como ofrenda en los recintos sagrados, y la piedra no salía de aquí cerca. Llegaba a Tenochtitlan por rutas de intercambio que bajaban desde lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos, miles de kilómetros de camino a pie para que una piedra azul terminara recubriendo un santuario. Que la línea de esta pieza se llame SANTUARIO no es coincidencia, es el lugar exacto donde esta piedra siempre terminó.

El azul de la turquesa viene del cobre que trae en su composición. Cuando parte de ese cobre cede su lugar al hierro, el tono se corre hacia el verde, y por eso ninguna turquesa es exactamente del color de otra. Es piedra porosa además, de las que van reaccionando con el uso, así que conviene quitártela antes de cremas, perfumes y agua clorada si quieres que el azul se quede tal cual lo recibiste.

Entre cada turquesa corre howlita blanca. La howlita se describió por primera vez en Nueva Escocia en 1868 y lleva el apellido de Henry How, el químico que la estudió después de que unos mineros de yeso se la señalaran quejándose de que era más dura que lo que estaban extrayendo. Sus vetas cafés no se repiten: cada cuenta trae su propio trazado, como si alguien hubiera dibujado un mapa distinto en cada una. Contra el azul liso de la turquesa, esas vetas son lo que le da textura a la pieza y lo que impide que se vea plana.

La intercalación se hace a mano y a propósito no es simétrica. Los separadores chapados en oro con zirconias no caen cada tantas cuentas, caen donde el ojo los necesita, y ese ritmo irregular es más difícil de lograr que uno regular porque no hay fórmula que seguir: se decide pieza por pieza mientras se arma. Un patrón exacto se ve fabricado. Este se ve compuesto. Es la diferencia entre una pulsera armada y una pulsera pensada.

El hilo negro sostiene todo. Con una paleta tan clara, el negro es lo que le da peso a la pieza y evita que se lea como accesorio de verano y nada más.

Pieza unisex, ajustable con cierre corredizo de macramé, hecha a mano en México, pensada como recordatorio diario de una cualidad que quien la porta ya encarna: el descanso, entendido no como pausa sino como el derecho a bajar la guardia en algún lugar.

Numerada, No. X de Y en el mundo, dentro de la Temporada III ZORAYA. Acuñación Luminus: porta el monograma OW, el Sello de la Conciencia, la firma de la era del Observador.

Lo que se acuña una vez, es leyenda. No habrá más. Esa es la promesa.

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